Si bien el 5 de diciembre de 1895 se reunieron en la ciudad de Santa Fe un número importante de profesionales idóneos para conformar el primer Colegio de Escribanos de la provincia, e incluso sus estatutos fueron aprobados el 2 de enero de 1896, según consta en expedientes bien archivados, no fue sino hasta el 3 de abril de 1910, en la asamblea que se realizó en Rosario, que el tema volvió a cobrar relevancia y a sentar jurisprudencia.
Los fines inscriptos por escribanos del norte santafesino 5 años antes del siglo pasado, eran:
1º – Mantener y fomentar el espíritu de asociación entre los escribanos residentes en la provincia y en la Nación, estrechando vínculos de amistad y confraternidad social.
2º – Propender por todos los medios plausibles a la instalación e ilustración del gremio, y a consolidar la fe y la confianza pública que deben gozar todos los miembros del notariado.
3º – Celebrar conferencias instructivas y realizar estudios y trabajos adecuados al mejoramiento del gremio.
4º – Defender a los consocios que se vieran afectados por medidas violentas o injustas en el desempeño de su profesión, haciendo al efecto las gestiones necesarias por la vía y forma que según los casos corresponde.
5º – Gestionar ante los Poderes Públicos la reforma de las leyes que por algún concepto sean gravosas o afectasen los intereses del gremio; así como también la sanción de aquellas que fueran indispensables a los fines que se propone la Asociación. 6º – La acción dirigente del Colegio se desarrollará dentro de la vida institucional de la provincia, sin perjuicio de realizar también sus elevados propósitos en los demás Estados de la Nación.
Aquellas nobles premisas y objetivos redactados en 1895 fueron una excelsa manifestación de deseos, pero quedaron atrapados en un verdadero “Triángulo de las Bermudas”, ya que nada trascendió si supieron o pudieron llevarlas a cabo, hasta quince años después, cuando, en Rosario, se reunieron un día como hoy, hace 116 años, para nombrar una comisión provisoria.
¿Quiénes la integraban? Eusebio Zabalúa, Arturo Covernton, Manuel Bravo, Miguel Celaya, Salvador Alzola Zabaleta, Bartolomé Sívori, José Castilla, Moisés García y Carlos Guevara.
¿Su propósito y misión? Redactar los estatutos y los reglamentos necesarios para la creación del Colegio de Escribanos de Rosario.
En un poquito más de cuatro meses, precisamente un Día de San Cayetano, el 7 de agosto de 1910, el proyecto prosperó.
Aprobados los estatutos, se conformó la primera Comisión Directiva. ¿Quiénes la integraron? Apellidos que mucho tienen que ver con estos más de 300 años de historia que tenemos los rosarinos: presidente, Pantaleón Egurvide; vicepresidente, Salvador Alzola Zabaleta; secretario, Alfredo Maidagan; prosecretario, Emilio Robirosa; tesorero, Moisés García; protesorero, Manuel S. Bravo; bibliotecario, Eusebio Zabalúa; vocales titulares, Arturo Covernton, Manuel Echeverría e Inocencio Bustos; vocales suplentes, Esmeraldo Mansilla y Francisco J. López.
La personería jurídica le fue acordada a los 15 días, por decreto del Gobierno de la provincia.
El tema de cuándo fue adquirida la magnífica propiedad de calle Córdoba al 1800, frente a lo que alguna vez fue la radio LT8, lo desarrollamos en una nota escrita el año pasado, para esta misma fecha, que es recomendable leer por la enorme cantidad de datos que aporta al patrimonio arquitectónico local y nacional.
Te puede interesar:
Rosario sin secretos: dar fe, una cuestión trascendental desde 1910
Siguiendo con lo estrictamente institucional, un día, y 25 años después, el notariado de Santa Fe capital hace lo propio, y crea el Colegio de Escribanos de Santa Fe. Eso sí, la personería jurídica les llevó más tiempo, porque a pesar de haberse celebrado la asamblea que aprobó los estatutos y designó comisión directiva el 4 de mayo de 1935, se le otorgó a los 3 meses y 17 días, el 21 de agosto de ese año.
Cuando en 1947 se Gobierno Nacional promueve la Ley de Regulación de las Funciones del Notariado de la Capital Federal y Territorios Nacionales, ambos colegios se unen en uno sólo para dar lugar a la primera (que no fue primera) y segunda (que sí fue la primera en organizarse jurídicamente) jurisdicción del Colegio de Escribanos de la provincia de Santa Fe.
Cómo avanzó el Colegio de Escribanos de Rosario institucionalmente es materia de varios tratados, fundamentalmente porque después de Capital Federal y La Plata, es el tercero en conformarse colegiadamente, y sus integrantes siempre propiciaron su desarrollo en todo el territorio nacional.
Basta recordar las palabras pronunciadas en la jornada de clausura del primer encuentro nacional organizado a inspiración de los rosarinos, pronunciadas por Moisés García: “La Confraternidad Notarial Argentina nació el 8 de julio de 1917, en víspera de celebrar la Patria su más glorioso día; también y desde esa fecha, memorable para nosotros, han desaparecido las rivalidades que parecía existir entre profesionales de una misma ciencia».
Es necesario decir, también, que en 1918 forma la Escuela de Práctica Notarial con rendición de exámenes en la Facultad de Derecho de la Universidad de Santa Fe, los que dejaron de funcionar a raíz de la clausura temporaria de la casa de altos estudios.
Con el tiempo, en 1954, prosperó la idea de crear una Escuela de Derecho en sus dependencias que no se concretó en ese momento pero sí tuvo curso de gestión en 1957 hasta 1959, época en que se crea el germen de lo que luego se convirtió en la Facultad de Derecho de la UNR.
Justo mañana se cumple un nuevo aniversario de su creación, así que, a no perderse el nuevo capítulo de Rosario Sin Secretos que a ello se dedicará.
¿Quiénes fueron profesores en esa pionera institución del Colegio de Escribanos? Ángel Chávarri, Roberto Brebbia, Jorge Tellería, Arrúe Gowland, Eugenio Malaponte, Ricardo Arribillaga, Oscar Borgonovo, Raúl Sala, Luis Laporte, Juan Carlos Gardella.
Es importante destacar que los notarios rosarinos fueron los inspiradores del Primer Congreso Notarial Argentino reuniendo a lo más granado de la especialidad del país. Entre sus nombres figura el del rosarino Moisés García, un pertinaz y prolijo escribano investigador que comenzó a publicar la «Historia y titulación de los terrenos del Rosario».
Nos estamos refiriendo a un trabajo que constaba de alrededor de “dos mil cuadernos, uno por manzana, con sus respectivos gráficos, procedencia primitiva, referencias ulteriores y titularidad del actual propietario, es decir un verdadero catastro de la propiedad raíz”, el que luego sirvió como sustento y base de la ley Nacional Registral Inmobiliaria Nº 17.801.
¡Qué buen blasón para Rosario también en esta materia! Cosas de la historia que en Rosario Sin Secretos nos place narrar a nuestros siempre fieles y distinguidos lectores, a quienes agradecemos su culta atención.
Rosario Sin Secretos: “damos fe” que hoy es un gran día
Follow on Google News
Follow on Facebook
Follow on Instagram
Follow on YouTube
Follow on WhatsApp
Follow on TikTok
Follow on Twitch
