Rosario Central conquistó otra estrella en el fútbol nacional. Se tomó la revancha que quería ante un rival que lo menospreció el año pasado, y lo hizo en el campo de juego, para despejar cualquier tipo de polémica en torno a este partido, que empezó a jugarse esta última semana con declaraciones de uno y otro lado que no hicieron más que calentar lo que ya en la previa se sabía que iba a ser un encuentro picante, con todos los condimentos.
En una tarde muy calurosa en el estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero, el Canalla contó con un Ángel Di Maria en modo campeón del mundo. ‘Fideo’ estuvo totalmente inspirado y regaló una actuación inolvidable, propia de un jugador hecho para las finales, un fuera de serie que nuestro fútbol argentino tiene el privilegio de disfrutar. El ícono auriazul, que a sus 38 años sigue en plena vigencia, fue el símbolo principal con el que el equipo de Jorge Almirón edificó un triunfazo.
Estudiantes, siempre complicado, arrancó el partido golpeando fuerte con un gol tempranero, que mostró a un retroceso en defensa fallido tras un pase corto de Emanuel Coronel. Joaquín Tobio Burgos desbordó a Ignacio Ovando, Gastón Ávila perdió el duelo con Guido Carrillo y Alexis Castro durmió a Franco Ibarra para empujar la pelota abajo del arco. La jornada había arrancado muy mal para el elenco de Arroyito y parecía que iba a ser una tarde para el olvido.
Sin embargo, el Canalla tuvo la virtud de saber reponerse de la adversidad tanto desde lo anímico como lo futbolístico. Es cierto, la energía comenzó a cambiar con el golazo de tiro libre de Di Maria, que sirvió para apaciguar tensiones y llevar tranquilidad. Había que salir del estado de aturdimiento y quien mejor que ‘Fideo’ para rescatar al elenco auriazul. Tras la conquista que emparejó las cosas, Central se calmó en la cancha y empezó a imponer condiciones, más con garra que con fútbol. Efecto contagio.
Para colmo, ya cuando el trámite era parejo, disputado, sin nadie que se decidiera a adueñarse del desarrollo, en una contra antes del entretiempo Enzo Copetti fue derribado por Leandro González Pirez en el área y Di Maria cambió por gol desde los doce pasos con una definición sutil al palo opuesto de Fernando Muslera para desatar el delirio. Ventaja clave en un momento importante, justo antes del descanso para irse a los vestuarios con el ánimo por las nubes.
Central sabía que tenía que ser inteligente en la segunda etapa para manejar la diferencia a su favor. Así lo entendió y lo ejecutó. Ayudó mucho el cansancio físico de ambos por el esfuerzo ante las altas temperaturas para que el partido se volviera más lento, de pocas emociones, sin el ritmo ni la intensidad de los 45′ iniciales. Las características del partido le hicieron un guiño al Canalla, ya que Estudiantes tenía pocas luces para llevar peligro al arco de Axel Werner, apostando todas las fichas a envíos aéreos para Adolfo Gaich y Lucas Alario, que ingresó por un extenuado Carrillo.
Los dirigidos por Almirón dispusieron de espacios para cerrar la historia, pero Muslera, en una doble tapada sensacional, le ahogó un tercer grito a Di Maria y el festejo a Giovanni Cantizano, que había hecho un jugadón sacándose hombres pinchas de encima a pura gambeta. Creció el aporte de Franco Ibarra en la mitad y la última línea auriazul se afianzó, sacando cada balón que cayó cerca, en especial a partir de la solvencia de un Ignacio Ovando que es cosa seria.
El equipo de Alexander Medina siguió yendo por inercia, pero sin ideas, mientras que Central, al no poder sentenciar el match, recurrió a replegarse en el fondo para sostener la victoria. Entraron Facundo Mallo y Alexis Soto para cumplir con esa misión, mientras que el ingreso de Franco Cervi estuvo pensado para tratar de sostener el balón lejos de Werner. Al encuentro le faltaba un gol más. En la última jugada, el Canalla firmó los tres puntos y la copa para Arroyito a través de un contra ataque que culminó Julián Fernández con una definición tres dedos ante un arco vacío.
Los festejos auriazules se vieron empañados en el final por la reacción desmedida de un rival que no aceptó la derrota merecida en el verde césped y repartió culpas contra el arbitraje de Darío Herrera. Tras los incidentes, nada opacó la fiesta canalla después, en un comunión sostenida e interminable entre jugadores e hinchas, que hicieron un esfuerzo descomunal para llegarse hasta Santiago del Estero, dejando cosas de lado y con una inversión económica importante, en tiempos y momentos del mes donde la plata no sobra precisamente, algo que fue destacado por el propio Di Maria en sus declaraciones post partido.
Sonrisa inolvidable para un Central que necesitaba esta inyección anímica en un 2026 duro, donde los objetivos planteados a comienzos de año fueron quedando en el camino. Lo celebra el pueblo canalla y un plantel que venía golpeado. Esta conquista debería representar un punto de inflexión para lo que queda de temporada. Ya habrá tiempo para pensar en la recta final del Torneo Clausura, esta noche será de alegría total en Avenida Avellaneda, la Sede Fundacional, el Monumento y a lo largo de la ciudad. La Supercopa Internacional 2026 descansa en Rosario.
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