Donald Trump salió este sábado al jardín de la Casa Blanca para hablar brevemente con la prensa y dejó en claro que el resultado de las negociaciones en curso con Irán le resulta, en sus propias palabras, indiferente. «Hemos ganado pase lo que pase», afirmó el mandatario, y repitió la frase más de una vez.
Las delegaciones de Estados Unidos e Irán se reunieron este sábado en Islamabad para iniciar un proceso de diálogo orientado a resolver el conflicto en Medio Oriente, desatado el 28 de enero tras un bombardeo israelí-estadounidense que dio muerte al ex líder supremo iraní, Ali Khamenei.
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Al frente de la delegación norteamericana se encuentra el vicepresidente JD Vance; del lado iraní, el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, encabeza un grupo de más de 70 personas.
Trump, sin embargo, prefirió subrayar los resultados militares previos antes que las posibilidades diplomáticas. Señaló que Irán ya no cuenta con armada, radar ni fuerza aérea, y que sus líderes «están todos muertos». Sobre esa base construyó su argumento de victoria anticipada: independientemente de si hay o no acuerdo, sostiene que Washington sale del proceso en posición de fuerza.
La postura del republicano contrasta con la tensión que rodea el proceso. El presidente amenazó con reanudar los bombardeos en caso de fracaso en las conversaciones, y precisó que el eje central de cualquier entendimiento para Washington es el programa nuclear iraní.
Pese a su tono despreocupado, Trump abordó una cuestión de peso estratégico: la reapertura del estrecho de Ormuz, actualmente cerrado. Dijo que su intención es reactivar el paso marítimo no en beneficio propio —Estados Unidos, señaló, no lo utiliza— sino por los países que dependen de él y que, en sus términos, «tienen miedo, son débiles o son tacaños» para actuar.
Antes de partir hacia Islamabad, Vance también fijó los límites de la negociación: señaló que dentro del propio gobierno iraní coexisten sectores dispuestos a negociar con otros que, según sus palabras, habrían estado mintiendo sobre los logros militares de Estados Unidos y los términos del alto el fuego.
Desde el lado iraní, el clima fue de cautela. Ghalibaf marcó distancia desde el primer momento y declaró que Irán tiene buenas intenciones pero no confía, dado que su experiencia negociando con Washington se ha caracterizado históricamente por el fracaso y las promesas incumplidas.
Además, Teherán puso como condición previa para avanzar la vigencia de la tregua en el Líbano y la descongelación de sus activos, exigencias que hasta el momento no habían sido satisfechas.
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Las negociaciones en Islamabad se retoman apenas seis semanas después de la finalización de conversaciones previas en Ginebra y del inicio de los bombardeos masivos sobre objetivos en Irán.
La delegación estadounidense está integrada además por Steve Witkoff, enviado especial a Medio Oriente, y Jared Kushner, yerno de Trump, quienes ya participaron en rondas anteriores de contactos con representantes iraníes.
En medio de las negociaciones con Irán, Trump se mostró indiferente por el resultado: «Hemos ganado pase lo que pase»
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