Sesenta y nueve años atrás, exactamente el 17 de junio de 1957, una multitudinaria asistencia de público, entre los que seguramente se encontrarán algunos lectores de esta Columna o tal vez sus hijos, tuvo el privilegio de ser protagonista del traslado de los restos del “Soldado Desconocido, muerto por la Libertad de la Patria”.
La muchedumbre acompañó la caravana que unió a dos ciudades “hermanas” en la lucha por la libertad y la independencia nacida ya cuando las invasiones inglesas de 1806/1807 y la revolución de Mayo de 1810, como fueron San Lorenzo y Rosario.
La primera, el 3 de Febrero de 1813, siendo escenario de la magnífica actuación militar del general José Francisco de San Martín en memorable y estratégico combate, y la segunda, convirtiéndose en Cuna de la Bandera, gracias a Manuel Belgrano, que tuvo la brillante idea de crear, hacer bendecir por el cura párroco de la catedral Julián Navarro y jurar por los soldados de su tropa y el pueblo todo, fidelidad y respeto al máximo símbolo de soberanía nacional que fuera izado por el primer abanderado, Cosme Maciel, a la sazón, ancestro del actual presidente del Instituto Belgraniano, doctor Jorge Tomasini Freyre.
La populosa caravana partió el 17 de junio de 1957 desde el Convento de San Lorenzo hasta llegar al propileo del Monumento a la Bandera (que recién fue “nacional e histórico” a raíz de una nota publicada en 1989 en el Diario La Capital), construido merced al anteproyecto del arquitecto Alejandro Bustillo, el que hizo el magnífico edificio que se levanta en la esquina de Urquiza y Entre Ríos y donde se dice que vivió en sus primeros años el mismísimo Ernesto “Che” Guevara Lynch de la Serna. Valga aquí una pequeña digresión que, apostamos, desconocían, como yo, hasta hace media hora: La palabra «che» se encuentra también en el idioma quechua en la sierra norte del Perú (Áncash) y en parte del Ecuador, y se usa como interjección de atención, equivalente a “¡oye!”.
Lucía, Agustín y Dayanara, tres jóvenes de Villa Gobernador Gálvez, detrás de la llama votiva, con el marco de la Catedral, la Bandera, Belgrano y el Consulado de España
De oír se trata, o de ver (leer en este caso) todas las campanas. Las que sonaron aquel 27 de Febrero de 1812, a las 18.30, en la alta barranca de las ceibas y las que nos cuentan que ni Bustillo, ni Ángel Guido formaron parte del palco de honor, aquel 20 de junio de 1957, presidido por el entonces binomio presidencial de facto del teniente general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Francisco Rojas tras el derrocamiento del gobierno institucional de Juan Domingo Perón, simplemente “por razones políticas”.
Tampoco fueron invitados a la ceremonia los escultores que cincelaron las magníficas y colosales figuras que dan volumen estético al Monumento, Alfredo Bigatti y José Fioravanti, quienes ese mismo día estaban a más de 300 kilómetros, celebrando el acontecimiento, mientras comían un suculento puchero en el restaurante “La Corneta del Cazador”, de calle Reconquista, en Buenos Aires, junto al escritor Manuel Mujica Láinez, entre otros.
Pero como nos agrada reconquistar las palabras y la historia, seguimos con “la llama que llama… a sentir la Patria”, como indica el título de este capítulo de Rosario Sin Secretos, parafraseando la publicidad de una empresa telefónica que, una vez más, nos demuestra que “lo viejo, funciona”.
La urna que tenía los restos pertenecientes a un soldado de la emancipación, muerto en el combate de San Lorenzo, fue transportada en un vehículo abierto del Ejército, con la escolta del cuerpo de Granaderos a Caballo creado por San Martín.
Este viernes 19, dos acontecimientos de relevancia “revivirán” la historia. A partir de las 11 y hasta las 13, en el “Banderazo” por los orígenes y los ancestros, en Córdoba y Corrientes, organizado por instituciones que militan la defensa de las personas mayores, con la presencia incluso de “Manuel Belgrano”, “José de San Martín” y “Martín Miguel de Güemes”, dándole vida y carnadura a quienes dieron la vida por cada uno de nosotros. Una verdadera fiesta cívica, no partidaria, en celeste y blanco.
Los colores que el mismísimo Manuel Belgrano, ya había adoptado para colocar en el frente del Consulado de Buenos Aires, en 1794, rindiendo honores al manto de la Virgen de la Inmaculada Concepción. Casualmente, o causalmente, el primer Oratorio de fe que levantó don Luis Romero de Pineda, en 1689, en la zona del Saladillo, arroyo por el cual cruzó Belgrano el 7 de Febrero de 1812 con sus tropas y 16 carretas para convertirnos en Cuna de la Bandera y de la Escarapela.
¿Raro, no? Para pensarlo… Esta ciudad no tiene fundador ni fecha de fundación y hasta nos quitaron la concepción. Quiso, no obstante, la Providencia que la Virgen del Rosario del Pago de los Arroyos fuera nuestra Patrona y Fundadora desde 1730 cuando se decidió formalizar el Curato. ¿Otra causalidad? Fue el mismo año en el que nació Mama Antula, la primera Santa Mujer argentina que, en 1794, año en que Belgrano ejercía sus funciones en el Consulado, levantó la Casa de Ejercicios Espirituales que sigue intacta en la calle ¡Independencia! 1190, de Buenos Aires, como una postal detenida en el tiempo de la colonia.
También este viernes 19, a las 16, la Municipalidad de la hermana ciudad de San Lorenzo nos invitó al descubrimiento de una placa en la casa que habitara hasta su muerte, María Catalina Echevarría de Vidal, la dama a la que le cupo el privilegio de coser la Bandera que Belgrano nos legó, hermana ella de su mejor amigo y abogado Vicente Anastasio Echevarría (el único rosarino que estuvo en el Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1810 y que también votó por la destitución del virrey Cisneros) e hija adoptiva de Pedro Tuella, el primer historiógrafo del Rosario y gracias a quien, quienes amamos la historia telúrica, encontramos increíbles datos que supieron tomar tanto Eudoro cono Gabriel Carrasco para desarrollar sus fabulosos Anales.
Como diría Juan Marcelo Calabria en su libro “Ecos de Libertad: la unidad de miras entre Güemes, Belgrano y San Martín”, la libertad de nuestra Patria “no fue obra de un solo hombre ni el resultado de una única batalla. Fue la expresión de una visión compartida por tres grandes líderes que comprendieron que la independencia exigía unidad de propósitos, sacrificio y compromiso con el destino de América. Manuel Belgrano sembró la idea de Nación, promovió la educación y sostuvo los ideales de la Revolución en los momentos más difíciles. Martín Miguel de Güemes defendió el Norte argentino con el valor de sus gauchos, conteniendo los avances realistas y protegiendo la causa emancipadora. José de San Martín llevó adelante una estrategia continental que hizo posible la libertad de Chile, Perú y gran parte de Sudamérica”.
El canal de difusión Luces de la Patria: liderazgo y valores, un sitio imperdible de enseñanza y aprendizajes aseveró también: “Hoy, a más de dos siglos de aquellos acontecimientos, su ejemplo nos recuerda que las grandes transformaciones son posibles cuando existe «unidad de miras» en torno a un ideal superior. Belgrano impulsó la idea, Güemes defendió la frontera y San Martín llevó la libertad a América”.
Un día como hoy, 69 años atrás, llegaron al propileo del Monumento a la Bandera los restos del soldado desconocido. Tres días después, el 20 de junio de 1957 se encendió la llama que nos llama ¡a sentir la Patria!
Rosario Sin Secretos: la llama que llama… ¡a sentir la Patria!
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