Se dice que la historia está para ser revisada, y ese revisionismo nos presenta distintas caras de una misma “verdad”.
“Si la historia la cuentan los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia”, nos susurraron a gritos Eduardo Mignona y Litto Nebbia en su preclara e inolvidable canción “Quien quiera oír, que oiga”, exquisitamente interpretada por Silvina Garré.
Finalmente están los que opinan que la historia la cuenta quien dispone del dinero como para imprimir su propio libro, o tal vez quien lo hace financiado por intereses sectarios.
En estos dimes y diretes, sumando todo esto a las numerosísimas “fake news” (noticias falsas) o mentiras que sin ningún tipo de pudor se esgrimen abierta y públicamente, los comunes lectores e investigadores ávidos de información, se las suelen ver “en figurillas”, como dice Salvador Lavado (Quino) a través de Mafalda.
Con dolor tendríamos que decir que Quino se pudo haber equivocado, hace 60 años, a juzgar por la inminencia de la nefasta intención de derogar la Ley de Tierras, sancionada en el 2008, y que venía defendiendo, con sus claros y oscuros, la soberanía argentina. Esta ley fue creada a raíz de aquel rabino norteamericano, Jaime Libersohn, que compró 200.000 hectáreas en La Rioja con todo un pueblo dentro, Valle Hermoso, hecho recordado recientemente por el senador Jesús Fernando Rejal, en la Cámara alta.
No sabemos qué pasará el jueves 6 de agosto en el Senado de la Nación, que alguna vez se cobró la vida de Enzo Bordabehere en la década infame en la que el país se vio envuelto en un gran acto de corrupción por la exportación de carnes al gobierno británico, denunciado por Lisandro de la Torre, pero formulamos votos para que en “la previa” de San Cayetano se afiancen la Paz y el Pan, junto a las tres gloriosas T para nuestro país: Tierra, Techo y Trabajo, como decía el mensaje eterno de Francisco, el Papa argentino del “fin del mundo”.
Fue Urbano de Iriondo quien presidía la Junta legislativa aquel martes 3 de agosto de 1852, la jornada en la que originalmente se sancionó la ley para que el gobernador Domingo Crespo la promulgara dos días después. Esta medida fue fuertemente impulsada por el entonces director provisorio de la Confederación, Justo José de Urquiza, quien luego liberó la navegación de los ríos, enfrentado la disposición del brigadier Juan Manuel de Rosas que se la impedía a los buques que no tenían patente argentina. Nos preguntamos qué opinaría en la actualidad el denominado “Restaurador de las Leyes acerca de la “Hidrovía”.
La declaratoria de Rosario de Santa Fe como ciudad fue vehementemente promovida por el corondino más estadista que dirigió los destinos del Rosario, Nicasio Oroño, tras la fallida intención que había tenido el cura párroco Pascual Silva Fraga en 1823 cuando, liderando el pedido de toda una comunidad, sólo había obtenido del brigadier Estanislao López, gobernador por entonces, la declaración de Ilustre y Fiel Villa.
Ilustre por las antiguas y respetables familias que la habitaban y fiel, por la acendrada fe católica que las sostenía desde los tiempos del Curato de la parroquia Nuestra Señora del Rosario del Pago de los Arroyos, allá por 1730.
¿Cuándo empezó a tener relevancia la fecha de agosto para celebrar el “cumpleaños” de la ciudad? Fue recién cuando se produjeron los 150 años del acontecimiento, en el año 2002, dicho a quien esto escribe por su propio impulsor, el intendente socialista Hermes Juan Binner.
No terminábamos aún de salir de un fatídico 2001 con una Argentina inmersa en un profundo colapso económico, social e institucional provocado por el punto final de la convertibilidad, la imposición del «corralito» y una revuelta popular sangrienta que derivó en la renuncia del entonces presidente radical Fernando de la Rúa y su ida en helicóptero desde la Casa Rosada.
En ese entonces Binner pensó que “algo había que hacer” para mitigar ese estado de crisis y craneó junto a su gabinete la celebración de los 150 años de la declaratoria de Ciudad, convocando a historiadores y representantes de distintas entidades, quienes organizaron diversas actividades vinculadas al tema.
20 años después, añorando aquellos festejos, muchos de lo que habían participado en 2002, y luego de otra crisis, esta vez mundial, la pandemia que algunos denominaron “plandemia”, decidieron reunirse nuevamente para conmemorar los 170 años con diversos actos, siendo el más importante un encuentro nacional de bandas que se llevó a cabo en el Monumento a la Bandera, con la participación de alrededor de 30 bandas militares del país, más la colocación de una placa en Urquiza y Crespo, recordando en la intersección de las calles rosarinas los nombres de dos de los protagonistas del acto político y burocrático del que se están cumpliendo 174 años.
Sin embargo, el año pasado se celebró con bombos y platillos, los 300 años de la Ciudad, tomando en cuenta los orígenes de 1725 en el que Godoy (que ya no tiene más avenida en la nomenclatura urbana) llegó junto a su familia y pacíficos calchaquíes a poblar la aldea, dato recogido por el primer historiógrafo, el aragonés Pedro Tuella, a la sazón, quien adoptó a María Catalina Echevarría con apenas dos añitos, cuando murieron sus padres y vecinos, el vasco Fermín Echevarría y la rosarina Tomasa de Acevedo, hija de Pascual Acevedo, el primer maestre de campo que tuvimos en los tiempos de la colonia.
Quiso la Providencia que María Catalina, hermana de Vicente Anastasio Echevarría, abogado, armador naval, amigo de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, y el único rosarino que estuvo en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, fuera quien cosiera la primera Bandera blanca y celeste que fue el numen de una soberanía que hoy está en peligro.
Transcribimos lo escrito 174 años atrás: ¡Viva la Confederación Argentina! Sala de Sesiones, Santa Fe 3 de agosto de 1852. La Honorable Junta de Representantes de la Provincia, en uso de sus facultades (sic) que inviste, ha sancionado con fuerza de ley lo siguiente: Art. 1º: Desde la publicación de la presente ley, la Villa del Rosario se dominará «La ciudad de Rosario de Santa Fe». Art. 2º: Se le concede todos los fueros y prerrogativas que como a tal ciudad le corresponden. Art. 3º: El Poder Ejecutivo queda autorizado para extenderle el título competente. Art. 4º: Comuníquese al Poder Ejecutivo para su publicación y demás fines. Urbano de Iriondo. – Cayetano de Echagüe Diputado Secretario.
No sabemos en qué momento la ciudad dejó de ser la Rosario de la Santa Fe, pero una inmensa mayoría sigue celebrando como Día de Rosario el 7 de Octubre en honor a María, la Santa Patrona y Fundadora que le dio su nombre, y eligió, como en Luján, instalarse acá. Pero esto será tema de otro capítulo de Rosario Sin Secretos. ¡Hasta entonces!
Rosario Sin Secretos: es el 3 y no el 5 la declaratoria de ciudad de Rosario
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