A los 40 años, Roxana Solares encontró a sus dos hermanos de sangre. Llegó a este mundo un 8 de diciembre de 1971 -o al menos eso dice su documento-. A la misma edad aproximadamente, Claudia Raimondo supo que no era hija biológica de quienes creía sus padres. Ambas habían sido anotadas como hijas de sangre de quienes las criaron.
“El término correcto es apropiados, no adoptados”, enfatiza Roxana, luego de la conmemoración del Día de la Identidad en el país. “Somos miles los que estamos dando vueltas en Argentina sin una respuesta acerca de nuestra verdadera identidad”, remarca Claudia en el podcast de Conclusión El Efecto.
La casualidad y la causalidad las reunió como vecinas, y comenzaron a emprender sus búsquedas acompañadas una de la otra. La hermana Martha Pelloni, referente contra la trata en el país, les dio el empujón que necesitaban y conformaron una organización que promovió una ordenanza en Rosario y una ley provincial para ayudar a las personas que dudan de su origen a encontrar a su familia biológica.
Encontrar a un hermano
A la edad de 6 años su mamá le contó que no era su hija biológica. Había nacido en Añatuya, Santiago del Estero, adonde sus padres llegaron a una casa para retirarla mediante una retribución económica. La suma es incierta, para Roxana “un peso es lo mismo que un millón, de cualquier manera es aberrante”.
De grande viajó a su lugar de nacimiento y pudo conocer a su “gestante”, con quien dialogó en algunas oportunidades. Pero sobre todo conoció a sus dos hermanos, Hernán -ya fallecido- y Guillermo, con quien hoy mantiene “un lindo vínculo”. “Me dijo que siempre había querido tener una hermana, encontré un dulce, un hombre que siempre quiso tener una hermana y la encontró”.
En contraposición, Claudia Raimondo todavía no pudo encontrar a su familia de sangre, ya que todos sus documentos han sido fraguados: en su partida nacimiento figura que nació en una clínica privada de San Isidro, pero en realidad llegó al mundo a un hospital de San Martín, provincia de Buenos Aires. Aunque, según le contaron, su fecha de nacimiento del 16 de abril de 1962 es la correcta, pero “todo es dudoso”, reconoce.
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“Yo fui una entrega, no medió plata”, cuenta Claudia. “Me entregó una monja, que trabajaba en una maternidad de Buenos Aires, y que solía convencer a madres solteras de que no se quedaran con el bebé porque era mejor otorgarlo a una familia. Así que quizás aceptó de buena porque pensó que era lo mejor para mí”.
“Mis padres fueron a una clínica de una partera que vendía bebés en Belgrano. Le ofrecieron tres precios distintos, una era una nena con problemas visuales que valía menos, otra una nena morochita, que valía un poco más, y una rubiecita que era mucho más cara. Mi mamá lo sacó a mi papá y le dijo que de ninguna manera iba a comprar un hijo”.
“Mi mamá hizo distintos tratamientos, algunos invasivos, para quedar embarazada. Entonces, una prima que era peluquera le contó que dos clientas formaban parte de una parroquia y le preguntaron si alguien quería quedarse con un bebé”.
El 16 de abril de 1962 sus padres recibieron un llamado diciendo que había nacido “una bebé de 3 kilos 200 gramos, sana”.
Tocando puertas
Luego de años de buscar su origen por separado, Claudia y Roxana se dieron cuenta que eran vecinas y que mantenían una historia en común. Así, impulsadas por la hermana Martha Pelloni, referente contra la trata infantil en el país, se juntaron para crear Hermanados por la Búsqueda. Nos dijo: “Chicas, ustedes tiene que hacer algo con esto”.
La agrupación también abraza a aquellas madres cuyos hijos fueron separados de su lado al nacer (cualquiera sea el motivo de la desvinculación), hermanos u otro familiar que encare la búsqueda de una persona separada de su núcleo familiar.
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“A la semana estábamos tocando la puerta en el Concejo, íbamos todos los martes”, recuerda Claudia Raimondo. Con esa insistencia, lograron que se apruebe la ordenanza 9440 del año 2015 que establece que las maternidades municipales deben entregar los registros a quienes lo soliciten en búsqueda de su identidad. Luego, se transformó en la ley Provincial de Identidad de Origen, que permite a las personas presentarse en la Secretaría de Derechos Humanos, para solicitar los libros de centros de salud durante el período de su nacimiento. “De 2015 a la fecha hay 500 casos registrados”, remarca Claudia.
Sin embargo, afirma que “no hay cifras concretas porque estamos hablando de la ilegalidad. 20 mil personas que se acercaron en estos 50 años por todas las campañas”.
Cortar con la mentira
Las últimas semanas la temática cobró trascendenscia debido a las numerosas denuncias contra parteras de Rosario por supresión de identidad. Tanto las hermanas Dolly y Silvia Viale como Olga Artale son investigadas por presunta entrega de bebés a distintas parejas, y anotarlos como hijos biológicos. Desde Hermanados por la Búsqueda acompañan a los denunciantes y piden que la justicia, aunque tardía, finalmente llegue.
“Hay personas de la sociedad civil que nos entregaron: monjas, sacerdotes, familiares, jueces, maestros, que han pasado de mano en mano bebés. En algunos casos con dinero y otros no. Y hubo muchas madres a las que engañaron”, denuncia Claudia.
Al tiempo que aconseja a otros ‘Buscadores’ que “no se queden rumiando esa duda y no se pongan en contra de la familia porque son los que tienen la llave de algún dato, yo les digo a los que empiezan a buscar que no corten con el vínculo con su familia de crianza”. Claro está que enfatiza la necesidad de solicita ayuda terapéutica, ya que “nadie que descubre este cambio de un dia para el otro puede solucionarlo solo”.
“Hay que cortar con la mentira, la verdad sana, cada uno es dueño de su historia y debe saberla, la identidad es un derecho, es lo que nadie te pueden quitar”, cierra Roxana Solares.
El Efecto: fueron apropiadas al nacer, eran vecinas y conformaron un colectivo para ayudar a otros ‘buscadores’
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