El Seminario San Carlos Borromeo de la Arquidiócesis de Rosario celebró el Día del Exalumno con una jornada de encuentro fraterno, acción de gracias y renovación del don de la vocación sacerdotal. La actividad reunió a sacerdotes del clero junto al arzobispo, monseñor Eduardo Martín; el obispo auxiliar, monseñor Ernesto Fernández; y el obispo de San Miguel, monseñor Damián Nannini, exalumno de esa casa de formación, además de otros invitados.
La jornada comenzó con una recepción preparada por los seminaristas y continuó con la celebración de la Eucaristía de acción de gracias, presidida por monseñor Eduardo Martín. En su homilía, el arzobispo invitó a los sacerdotes a mirar su propia historia con gratitud y a reconocer los grandes dones recibidos de Dios en la existencia, el bautismo y, de manera particular, la vocación al ministerio sacerdotal.
Martín destacó que el sacerdocio surge de una elección y de una predilección amorosa de Dios. En ese sentido, planteó la pregunta que atraviesa la experiencia vocacional: “¿Quién soy yo para que me hayas traído hasta aquí, Señor? ¿Qué viste en mí, si hay tantos mejores que yo?” Y señaló que la respuesta se encuentra en el misterio del amor y de la elección de Dios.
La celebración permitió también hacer memoria del camino recorrido, recordar a quienes acompañaron cada proceso vocacional y agradecer especialmente la tarea de los formadores, sacerdotes, laicos, trabajadores y colaboradores que, a lo largo de los años, contribuyeron a la formación de los futuros pastores.
Otro de los ejes de la homilía fue la importancia de la fraternidad sacerdotal y de vivir el ministerio desde la comunión. Monseñor Martín remarcó que el testimonio de los sacerdotes no depende de la acción individual, sino de la capacidad de construir vínculos de caridad y comunión.
“No la genialidad de uno, sino el amor mutuo, la caridad y la comunión hacen atractivo a los jóvenes el ministerio sacerdotal”, afirmó el arzobispo.
En esa línea, recordó que el ministerio sacerdotal no se desarrolla de manera aislada, sino en comunión con el obispo y con los demás integrantes del presbiterio. El afecto mutuo, la cooperación fraterna y la caridad sacerdotal constituyen, según destacó, signos de vitalidad cristiana y un testimonio especialmente significativo para los seminaristas y para los jóvenes que se encuentran discerniendo su propia vocación.
Durante la celebración también hubo un recuerdo especial para los sacerdotes que celebran sus bodas de plata sacerdotales y para los exalumnos que, por encontrarse lejos, no pudieron participar presencialmente de la jornada.
Finalizada la Eucaristía, los participantes se dirigieron al Patio de la Virgen, donde rezaron y cantaron solemnemente el Ángelus. La jornada concluyó con un almuerzo compartido, que permitió a los sacerdotes reencontrarse, recuperar recuerdos de los años de formación y renovar los vínculos de fraternidad construidos durante su paso por el Seminario San Carlos Borromeo.
Monseñor Eduardo Martín presidió la Eucaristía de acción de gracias y el encuentro sacerdotal por el Día del Exalumno
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