Su vida empezó a cambiar rotundamente a los 16 años, a partir de una complicación de salud. “Había tenido culebrilla. Y me mató, me acuerdo que había bajado 10 kilos y me había cansado de ser flaca. Y ahí dije: ‘no, quiero empezar a entrenar y ser fuerte’. Pero empecé a entrenar de verdad”, recordó. Ahora, a sus 27 años, Oriana Canelo es campeona argentina y sudamericana invicta en fisicoculturismo. Y la nacida en Lomas de Zamora va por el sueño de ser Mr. Olympia.
Por estos días se entrena en Miami, donde vive momentáneamente, y desde donde dio varias entrevistas para contar la alegría que tiene por su gran momento y, también, recordar los esfuerzos que hizo, los prejuicios contra los que luchó y su debut a lo grande, cuando tenía 18 años y ganó su primer torneo.
“Ahí es como que me agarró este gustito de ‘bueno, ¿y ahora qué sigue?’”, dijo. Y se convenció de que seguir pasando horas en el gimnasio iba a ser el único camino para “dejar de ser flaca, y de que me digan cosas en el colegio”.
La exigente rutina de Oriana Canelo
En cuanto a cómo es un día normal en su vida, contó que empieza muy temprano, haciendo 40 minutos de cardio en ayunas. Y algo que remarcó es que, más allá de respetar a rajatabla la dieta, come mucho: “A veces me ven así y dicen: ‘esta se muere de hambre’. Yo estoy comiendo un montón, mi dieta es súper completa”.
Sus días los empieza muy temprano, haciendo 40 minutos de cardio en ayunas.
Al respecto, detalló que hace cinco comidas al día, donde el pollo, el pescado y los huevos son ley, aunque el gran protagonista es otro: “Lo que más estoy comiendo ahora es arroz. Como 200 gramos por comida, o sea, es casi medio kilo por día. Tengo la olla de arroz ahí en la heladera”.
Por la tarde, en tanto, llega el momento de los entrenamientos pesados, posado reglamentario, sauna y horas libres que dedica a estudiar neurociencia, antes de acostarse cerca de la una de la mañana.
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La exigencia es tanta, y constante, que inevitablemente pasa factura: “Después de todos los torneos tuve trastornos por atracón. Que yo salí, porque también lo traté con terapia y todo. Engordaba como 10 kilos en menos de un mes porque me comía la vida”.
Por esas cosas es que también aprendió a construir una coraza contra las críticas en las redes sociales: “Dicen cosas como ‘estás así por los anabólicos’, y no tienen idea. Pero yo creo que la persona que hace un comentario negativo es porque tiene un problema con ella”.
Su otro gran sueño además de ser Mr. Olympia
A todo eso hay que sumarle el esfuerzo económico que significa su carrera, ya que no cuenta con sponsor, por lo cual debe costearse los viajes, alojamiento, inscripción y alimentación. “Nunca terminás de recuperar la inversión. Es una inversión que vos hacés durante toda la preparación”, explicó.
Su idea es competir tres años más y luego dedicarse a formar una familia.
Aunque ahora piensa en llegar a ser Mr. Olympia también sabe que los años pasan y que le queda poco en la alta competencia. “Voy a competir hasta los 30 como mucho, porque me picó ese bichito de querer formar una familia. Realmente es mi sueño, tener mis hijos y todo. Me quiero estabilizar en la vida, y primero cumplir mis proyectos profesionales para poder darle la vida que se merece al baby”.
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Ahora que la temporada ya termina, su idea es volver a Lomas de Zamora., donde tiene sus afectos. “Ya es como que le quiero dar más enfoque a mi familia.. Que lleguen las comidas familiares, los domingos de pasta. Eso estoy esperando”, confesó.
Pero antes, claro, su meta es llegar a la cima del fitness mundial, para demostrarle a esa chica de 16 años que pudo cumplir lo que se prometió, y mucho más.
