Cuando se lo consultó acerca de cómo se sentía no dudo. “Asustado y emocionado”, dijo. Es que Mateo Santiago Medina, un estudiante de Claypole de 21 años, está frente a una gran posibilidad, que también es un fuerte desafío: viajar a Francia para formarse en lo que es la ingeniería del futuro.
El chico estudia Ingeniería Electrónica en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), es primera generación universitaria en su familia, y en agosto hará su primer viaje internacional, para lo cual también recibió un apoyo económico por parte del municipio.
En Francia cursará durante dos años en la École CentraleSupélec de París, para formarse en robótica y tecnología aeroespacial, en el marco del programa de Doble Diploma que la FIUBA sostiene con esa institución.
Así, dará el primer paso para cumplir su sueño: trabajar en áreas vinculadas con la robótica, el sector aeroespacial y los vehículos autónomos no tripulados.
Cómo se despertó su pasión por la ingeniería
“Viajar a Francia para mi es una oportunidad única, no sólo para desarrollar mis capacidades personales sino también para demostrar el valor de la educación pública y su importancia para para miles de familias y jóvenes bonaerenses que, con esfuerzo, buscan convertirse en profesionales, y muchas veces, en los primeros graduados de sus familias”, dijo en diálogo con Buenos Aires/12.
“Viajar a Francia es una oportunidad única para desarrollar mis capacidades», dijo.
Su interés por el tema empezó desde muy chico, cuando desarmaba juguetes, computadoras encontradas y aparatos con pilas. Además de intentar arreglar cosas eléctricas de la casa con su padre.
A eso hay que sumarle un hecho que terminaría siendo trascendente: una charla del programa “Ingeniero por un Día” en la UBA, donde vio un “auto robot” y entendió que lo que le gustaba tenía un nombre: robótica.
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Esa vocación empezó a tomar forma en las primeras materias de la carrera. Después del CBC, una de las asignaturas iniciales es Introducción a la Ingeniería Electrónica, donde los estudiantes trabajan con nociones básicas como la Ley de Ohm, resistencias y capacitores.
Para el trabajo final, Mateo tuvo que diseñar un dispositivo capaz de recibir una señal de audio mediante un micrófono, procesarla con un microcontrolador y reproducirla en un auricular. En ese proyecto aplicó conceptos vistos en clase, como filtros pasa-altos y pasa-bajos.
El municipio le brindó asistencia económica
También fue allí donde desarrolló su primera PCB, una placa de circuito impreso. Diseñó el circuito con el software KiCad y luego utilizó el método de planchado para transferirlo a una placa de cobre, sobre la que colocó los componentes. Ese ejercicio, todavía temprano en su formación, funcionó como una primera aproximación concreta al trabajo que quiere profundizar: pasar de la teoría al diseño, el armado y la prueba de sistemas electrónicos.
La carrera, cuenta, tiene un comienzo exigente. Los primeros dos años concentran mucha matemática, una base necesaria para avanzar luego hacia áreas más específicas de la electrónica, el control automático y la programación de sistemas.
Para Mateo, ese tramo inicial fue parte del desafío: sostener el ritmo académico, adaptarse a la universidad pública y construir una formación que ahora lo llevará a una de las instituciones francesas más reconocidas.
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En cuanto a la ayuda económica que recibió de parte del municipio de Almirante Brown, el mismo fue entregado en la Casa de la Cultura de Adrogué por la jefa de Gabinete municipal, Paula Eichel, y el secretario de Educación, Ciencia y Tecnología, Sergio Pianciola.
Y el objetivo de la asistencia es sostener una trayectoria educativa que ya tenía la beca académica, pero necesitaba respaldo económico para poder concretarse.
“El acompañamiento del municipio de Almirante Brown fue y es de vital importancia; sin su ayuda, yo me hubiese visto obligado a abandonar este proyecto de estudio”, sostuvo.
De Claypole a Francia: un camino difícil
Respecto al programa de Doble Diploma, lo que permite es que estudiantes destacados continúen su formación durante dos años en Francia. Luego deben regresar a la Argentina para completar la carrera. En el caso de Mateo, la especialización estará orientada al control automático, los sistemas embebidos y el diseño de tecnologías aplicadas a robots, aviones y vehículos autónomos.
Es importante señalar que obtener el lugar en Francia no fue fácil: él se postuló a tres écoles, preparando su currículum y explicando sus proyectos. Pero dos instituciones lo rechazaron. Hasta que la tercera respuesta fue la esperada. “Grité ‘Me admitieron’, salí corriendo de mi cuarto al patio donde estaba mi papá y mi hermana y grité: ‘Me voy a Francia’”, recordó.
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Otro aspecto a destacar de Medina es que él no piensa la tecnología solo como desarrollo industrial, sino que también la vincula con problemas ambientales.
Así es que actualmente integra el Proyecto Hábitat Claypole, un espacio transdisciplinario que trabaja con soluciones basadas en la naturaleza, infraestructura verde y azul, y recuperación ecológica del arroyo San Francisco. Y allí participa en el diseño de hardware para un sensor de nivel de agua, para aportar datos para el monitoreo hidrológico local.
“Este es mi primer viaje internacional y también mi primer viaje en avión; no voy a negar que estoy un poco asustado, pero a la vez estoy emocionado”, contó como cierre. Y dejó en claro que la meta es formarse afuera, volver al país y aportar conocimiento en sectores que hoy enfrentan incertidumbre, pero que siguen siendo estratégicos para el desarrollo argentino.
