No era buena la campaña de River, dirigido por César Luis Menotti, en el torneo largo de la temporada 1988/89, pero aun así llamaba la atención que antes de la media hora el equipo perdiera ¡3-0! como local frente a un modesto Deportivo Mandiyú, en un encuentro correspondiente a la fecha 15 dirigido por el árbitro Juan Carlos Biscay y con un tal Pepe Basualdo como figura.
Los correntinos sorprendieron con las llegadas al vacío de José Horacio Basualdo, autor de dos de los tres goles en ese furioso arranque. “¿Usted lo puede creer?”, pregunta el relator Mauro Viale después del tercer tanto, una exquisita definición de Pepe sobre la salida de Ángel Comizzo. Aquel partido, disputado el martes 6 de diciembre de 1988, terminó 4-4. Una agónica anotación de Julio Alberto Zamora evitó que la bronca se expandiera por los pasillos del Monumental.
Pepe Basualdo marca a Lus Figo en la final Intercontinental de 2000.
Al otro día, sin embargo, no se habló de los problemas defensivos de River ni tampoco de su espíritu para sobreponerse a una adversidad temprana. La principal noticia fue que Carlos Salvador Bilardo, entrenador a cargo del seleccionado argentino, había decidido convocar a un hasta entonces casi desconocido Pepe Basualdo, quien aquel día vistió la camiseta número 7 y este sábado celebra 63 años.
Pepe Basualdo, de Campana a la Selección
Basualdo debutó en la Primera de Villa Dálmine a los 17 años. “Yo no hice Inferiores, jugaba en el campito. Iba siempre detrás de la pelota”, suele contar José cuando explica las razones de su incesante despliegue. Con el tiempo adquirió sentido táctico, capacidad de ubicación, panorama… Por eso fue un volante del gusto de directores técnicos de diferentes escuelas.
El Pepe Basualdo con Diego Maradona, en febrero de 2020.
Bilardo fue quien lo descubrió cuando jugaba con la casaca violeta de Villa Dálmine. Para un DT encantado con los polifuncionales, Basualdo era ideal: reunía las condiciones necesarias para desempeñarse en distintas posiciones del centro de la cancha o de los carriles.
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Pepe estuvo entre los subcampeones de Italia 90 y volvió a integrar el plantel nacional en Estados Unidos 94, con Alfio Basile al mando. Por entonces ya era una pieza clave en el Vélez de Carlos Bianchi, campeón de América en Brasil ante San Pablo e intercontinental en Japón contra el Milan con el 8 en la espalda.
La confianza de Bilardo en Basualdo y “una traición”
El que llevó a Basualdo al Xeneize fue Bilardo, con quien luego se enfrentó por declaraciones que no le gustaron al DT y razones de indisciplina que ambos han tratado de no difundir. La molestia inicial del Doctor fue por algunos comentarios sobre el episodio turbio -en un amplio sentido- del bidón en Italia 90.
Contexto de la situación: Brasil apabullaba a Argentina en los octavos del Mundial cuando el auxiliar Miguel Di Lorenzo (un todo terreno de aquella Selección, apodado Galíndez por su similitud física con el boxeador Víctor Emilio) ingresó para atender al dolorido Pedro Troglio y convidó con agua a Branco, un zurdo de poderoso remate. “Quedé bastante mareado después de tomarla”, dijo el marcador lateral en notas posteriores.
Bilardo, un obsesivo de la disciplina interna, también se fastidió por presuntos comportamientos inapropiados de José en alguna concentración y dejó de tenerlo en cuenta. El volante emigró a Europa, estuvo cedido a préstamo en Deportivo Español y regresó a Boca con el desembarco de Bianchi.
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Esa parte de la historia es la más conocida y seguramente la más gloriosa de Pepe. A pesar de cierta resistencia de los hinchas, se ganó un lugar en la media cancha y consiguió un logro con pocos antecedentes: fue otra vez campeón de América y del mundo, en esta segunda oportunidad con el dorsal 18, como eficaz ladero de la dupla Serna-Battaglia y a una edad en la que la mayoría de sus colegas iniciaba los trámites del retiro.
