El Concejo Deliberante de Hurlingham se convirtió en el epicentro de una acalorada sesión que terminó por convalidar, mediante mayoría simple, la convocatoria a una Audiencia Pública. Este procedimiento es el paso formal necesario para discutir el convenio que el intendente del Municipio, Damián Selci, selló en febrero pasado con el Club Barracas Central, otorgándole el uso de una parte del Polideportivo Municipal de Vergara y Paso Morales, frente a la estación Juan B. De La Salle del tren Urquiza, que hasta hace meses usó River Plate.
Con doce votos a favor y siete en contra, la iniciativa prosperó a pesar de las fuertes críticas de los bloques opositores y la llamativa ausencia del exintendente y actual concejal Juan Zabaleta.
El nudo del conflicto radica en la concesión de un sector clave del polideportivo de William Morris. El predio total posee una superficie triangular de aproximadamente 180.000 metros cuadrados, de los cuales unos 70.000 metros cuadrados -que incluyen las siete canchas operativas mencionadas en el contrato- quedarían bajo el control del club porteño vinculado a la familia del presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia.
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La resistencia al proyecto fue encabezada por los dos bloques de La Libertad Avanza, quienes cuestionaron no solo el fondo del acuerdo, sino la validez del proceso administrativo. El concejal Julio Medina fue el encargado de llevar la voz cantante del rechazo en el recinto, denunciando que el llamado a audiencia es, en realidad, un simulacro de participación ciudadana.
«Se pretende convocar a una audiencia pública cuando el convenio ya fue firmado el 13 de febrero de 2026, configurando un hecho consumado que desnaturaliza el espíritu de participación previsto en la normativa vigente», argumentó Medina con dureza. Además, el edil subrayó la falta de sustento técnico y legal del acuerdo: denunció la inexistencia de informes obligatorios y de un análisis jurídico “que justifique el valor del canon ni la ausencia de tributos”.
Una vista aérea del Polideportivo Municipal de Hurlingham que ya utiliza el club Barracas Central.
Desde la óptica de la oposición, la prioridad debería ser el fomento del deporte local antes que la cesión a entidades externas. “Sostuvimos una posición clara en defensa de los vecinos de Hurlingham. Los bienes públicos deben estar al servicio de la comunidad local, y antes de ceder espacios a instituciones externas, corresponde atender las necesidades de los clubes y deportistas del distrito”, concluyó Medina.
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Hasta mediados del año pasado, el predio era utilizado por River Plate, bajo un convenio firmado originalmente durante la era Zabaleta y prorrogado brevemente por la gestión de Damián Selci hasta fines de 2025. Sin embargo, el panorama cambió drásticamente el 13 de febrero de 2026, cuando el Ejecutivo municipal rubricó el nuevo vínculo con Barracas Central.
Aunque la Audiencia Pública es un paso obligatorio, su carácter no es vinculante, lo que hace prever que el acuerdo será ratificado finalmente por el oficialismo. De hecho, la presencia del club porteño ya es una realidad física en el lugar: se han iniciado obras como la construcción de un paredón perimetral que divide la zona concesionada de las áreas que aún quedan para uso público.
Barracas ya empezó a realizar movimientos dentro del predio del Polideportivo Municipal.
Para quienes viven a metros del polideportivo, el cambio de administración se siente como un retroceso. En las cercanías de la calle Segundo Vergara, el sentimiento general es de despojo. Norma, una vecina de la zona, graficó la situación en diálogo con el diario Clarín: «Este lugar cambió de dueños, bien lejos de los vecinos que somos los verdaderos propietarios. Antes estuvieron los pibes de River que, aunque sea, hicieron un montón de obras en el lugar. Ahora, por la ventana, meten a otro club».
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La crítica vecinal apunta a que, a diferencia de la gestión anterior del predio, perciben esta nueva etapa como un cerramiento que aleja al polideportivo de la vida cotidiana del barrio.
Con la fecha de la audiencia aún por definirse, el debate en Hurlingham promete seguir escalando, poniendo en juego la balanza entre la inversión de grandes clubes y el derecho de los ciudadanos a disfrutar de sus propios espacios verdes y deportivos.
