La fe mueve montañas… ¡de personas! Y ya lo hacía en 1736 cuando ni siquiera llegábamos a sumar unas 250 almas, desde un flamante curato fundado sólo un poco más de un lustro atrás gracias a la solicitud realizada al Cabildo Eclesiástico por el gobernador del Río de la Plata Mauricio Bruno de Zabala, al que -por esas cosas que tiene el modernismo- desapareció de la nomenclatura urbana.
La Cofradía Nuestra Señora del Santísimo Rosario es la institución que en estos días está cumpliendo 290 años ¡y todavía permanece!, siendo por lo tanto, la pionera y decana de todas las demás entidades fundadas en el viejo y querido Pago de los Arroyos que le dio origen a esta ciudad, y también le legó su nombre.
Nació por inspiración y con el apoyo del primer párroco, Ambrosio Alzugaray, a la sazón también el primer maestro del caserío que tenía ranchos desperdigados en el vasto Curato del Pago de los Arroyos, religioso que descendía del mismísimo Luis Romero de Pineda, el primer propietario de una merced cedida por la Corona española, quien había sentado sus reales con hacienda y oratorio “de la Concepción”, en las márgenes del arroyo Saladillo, en 1689.
Ni siquiera existía la primera capilla que mandara a construir el terrateniente Santiago Montenegro en el amplio terreno donado por él donde hoy se encuentra la Catedral, la Municipalidad y hasta la plaza 25 de Mayo, y cuya escritura original de cesión se encuentra en el Archivo de Protocolos del Colegio de Escribanos.
Con fondos propios y suscripción popular, Montenegro arrancó aquel primer templo en 1746 que, aunque inconcluso, se habilitó al culto en 1748, continuándose las obras hasta 1752, exactamente cien años antes que Rosario fuera declarada Ciudad.
Era de tapia de adobe con techumbre de paja y medía unos 42 metros de largo por 9 de ancho, con una torre externa, de planta cuadrada, que oficiaba de campanario. Además contaba con habitaciones destinadas a la vivienda del párroco y un salón donde funcionó la primera escuela de la región, de la cual se conserva aún un fragmento. Una placa en el lugar así lo hace constar en el patio interno que da a la Secretaría. Las tejas llegaron recién hacia 1800, con la donación de un fiel agradecido.
Este dibujo realizado por el inefable y recordado arquitecto y urbanista Oscar Enrique Mongfeld, quien desde la Subsecretaría de Obras Públicas lideró la planificación municipal, impulsó el Plan Regulador y el Código Urbano, y fue miembro fundador del Museo de la Ciudad “Wladimir Mikilievich”, nos ayuda a apreciar el proceso de construcción que tuvo la bellísima Iglesia Santuario Basílica Catedral Metropolitana que se erige en la esquina de Buenos Aires y Córdoba.
Originalmente se había desarrollado donde estuvo al principio de los tiempos, cuando se había nombrado en el Pago de los Arroyos a Francisco de Frías como Alcalde de la Santa Hermandad, en el Oratorio de la Concepción de Romero de Pineda, allí mismo, en la primigenia zona sur que, ni siquiera en 1812, era considerada Rosario.
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En cuando al progreso inicial del Rosario, hay que reconocer que al principio fue bastante lento… Basta recordar las palabras del diario de marcha de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano al escribir aquel 7 de Febrero de 1812 cuando llegó para hacernos Cuna de la Bandera:
“A la una y media de la mañana se tocó generala y marchamos por caminos y campos muy llanos sin dificultad alguna, y con poco trabajo que se hizo en la barranca de salida de una cañada que han formado las aguas de lluvia, y llaman Saladillo, pasaron muy bien las carretas, y hallándonos á distancia del Rosario de cerca de una legua, se formó la tropa, sacaron las Banderas y con todo orden seguimos hasta este pueblo, cuyo comandante el capitán Moreno y el alcalde con otros vecinos salieron á recibirnos y ofrecérsenos”.
¿Cuántos habrían sido los que acompañaron al capitán Moreno y al alcalde Alejo Antonio Grandoli a recibirlo “a las afueras del pueblo” que era nada más y nada menos que donde en la actualidad se encuentra la plaza Brigadier Juan Pablo López? ¡Hoy plena avenida Pellegrini entre Buenos Aires y Laprida! En ese entonces, un completo descampado de espinillos detrás de la laguna de Godoi.
¿Cómo habrá sido el paso de las 16 carretas, los 250 soldados del castigado regimiento de Patricios, oficiales, suboficiales, la banda de música y el enfermero, hasta llegar a la Plaza de Armas que Belgrano llamó “Mayor” y hoy conocemos como la “25 de Mayo”?
¿Qué sentiría hoy el creador de nuestra enseña nacional sabiendo que comparte podio en ese mismo lugar donde se levanta el monumento que esculpió Alejandro Biggi, con José de San Martín y Mariano Moreno, sus amigos, pero también con Bernardino de la Trinidad Rivadavia, el mismo que le ordenó replegar, esconder, y deshacerse de esa Bandera celeste y blanca por él creada en la alta barranca de las ceibas? ¡Menos mal que en esa época no existía el WhatsApp y nunca se enteró, por lo que volvió a repetir en Jujuy la bendición y la jura que tuvo lugar fundacional en Rosario, para celebrar el segundo aniversario de la gloriosa Revolución de Mayo!
Gran mariano y fervoroso devoto de la Virgen María, Belgrano lo primero que hizo fue postrarse y ofrecer sus sueños independentistas ante la imagen de Nuestra Señora del Rosario que había llegado de Cádiz, España, el 3 de Mayo de 1773, casi 40 años atrás de su llegada a este poblado.
Esa misma imagen que hoy podemos admirar en el Camarín que se encuentra en el subsuelo de la Catedral. ¿Qué sentirán quienes, al observarla, comprendan que comparten, en una mágica escala histórica, un tiempo y un espacio con alguien como Manuel Belgrano?
Seguramente fue anfitriona del prócer aquel 7 de Febrero de 1812, además de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, la Cofradía Nuestra Señora del Santísimo Rosario, institución que aún hoy continúa cada día, firme y fiel, honrando el Sagrado Signo Mariano, siguiendo la devoción fundada en la década de 1470 por el domínico bretón Fray Beato Alain de la Roche, OP, Alanus de Rupe o Alano de la Roca, que fuera aprobada por Sixto IV en 1478.
¡Enhorabuena! ¡Felices piadosos y espirituales 290 años!
Rosario Sin Secretos: hace 290 años nacía la institución más antigua del pago
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